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Signos y símbolos de la Semana Santa

EC

Semana Santa
A la Semana Santa se le llamaba, en un principio, “La Gran Semana”. Ahora se le nombra Semana Santa o Semana Mayor, y a sus días se les dice Das Santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos, y concluye con el Domingo de Pascua.

Ramos o palmas

Del latín palmae, que significa “palma de la mano” y “hoja de la palmera”, que usan ya los romanos como símbolo de victoria. Algunos pueblos coinciden en asignarle altos valores a este símbolo, puesto que han desarrollado en torno a ella diversos ritos. Recordemos, comenzando por lo más próximo, cómo es tradición entre nosotros colgar en los balcones los ramos bendecidos el Domingo de Ramos, con la intención de que protejan la casa durante todo el año.

El Jueves Santo
La Eucaristía con que se da inicio al Triduo Pascual es la “Missa in Coena Domini”, porque es la que más entrañablemente recuerda la institución de este sacramento por Jesús en la Última Cena, adelantado así sacramentalmente su entrega en la cruz.

El lavatorio de los pies
El Evangelio de San Juan es el único que nos relata este gesto simbólico de Jesús en la Última Cena, y anticipa el sentido más profundo del “sinsentido” de la cruz. Un gesto inusual para un Maestro, propio de los esclavos, se convierte en la síntesis de su mensaje; les da a los Apóstoles, asimismo, una clave de lectura para enfrentar lo que vendrá.

En una sociedad donde las actitudes defensivas y las expresiones de autonomía se multiplican, Jesús humilla nuestra soberbia y nos dice que abrazar la cruz, su cruz, es ponerse hoy al servicio de los demás. Es la grandeza de los que saben hacerse pequeños, la muerte que conduce a la vida.

Cena del Señor
Es el nombre que, junto al de “fracción del pan”, le da por ejemplo San Pablo en 1Co 11, 20, a lo que luego se llamó “Eucaristía” o “Misa”: “kyriakon deipnon”, cena señorial, del Señor Jesús. Es también el nombre que le da el Misal actual: “Misa o Cena del Señor” ((IGMR 2 y 7).

El pan y el vino: Cuerpo y Sangre de Cristo
Son los elementos naturales que Jesús toma para que no sólo simbolicen, sino que se conviertan en su Cuerpo y su Sangre, y lo hagan presente en el sacramento de la Eucaristía.
Jesús los asume en el contexto de la cena pascual, donde el pan ázimo de la Pascua judía que celebraba con sus Apóstoles, hacía referencia a esa noche en Egipto en que no había tiempo para que la levadura hiciera su proceso en la masa (Ex 12, 8).

El vino es la nueva sangre del Cordero sin defectos que, puesta en la puerta de las casas, había evitado a los israelitas que sus hijos murieran al paso de Dios (Ex 12, 5-7).
Los símbolos del pan y el vino son propios del Jueves Santo en el que, durante la Misa vespertina de la Cena del Señor, celebramos la institución de la Eucaristía, de la que encontramos alusiones y alegorías a lo largo de toda la Escritura.

Abstinencia
Del latín abstinentia, “acción de privarse o abstenerse de algo”. Gesto penitencial. Actualmente, se pide que los fieles con uso de razón y que no tengan algún impedimento se abstengan de comer carne, realicen algún tipo de privación voluntaria o hagan una obra caritativa los días viernes, que son llamados días penitenciales. Sólo el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son días de ayuno y abstinencia.

Los símbolos de la Pasión

•    La cruz
La cruz fue, en la época de Jesús, el instrumento de muerte más humillante. Por eso, la imagen del Cristo crucificado se convierte en “escándalo para los judíos y locura para los paganos” (1Co 1, 23). Debió pasar mucho tiempo para que los cristianos se identificaran con ese símbolo y lo asumieran como instrumento de salvación, entronizado en los templos y presidiendo las casas y habitaciones; sólo pendiendo del cuello como expresión de fe.

Podríamos pensar que la cruz era ya la que ellos estaban soportando, en los travesaños de la inseguridad y la persecución. Sin embargo, Jesús nos invita a seguirlo negándonos a nosotros mismos y tomando nuestra cruz de cada día (Cfr. Mt 10, 38; Mc 8, 34; Lc 9, 23).
Expresión de ese martirio cotidiano son las cosas que más nos cuestan y nos duelen, pero que pueden ser iluminadas y vividas de otra manera precisamente desde su cruz.

•    La corona de espinas, el látigo, los clavos, la lanza, la caña con vinagre…
Constituyen la expresión de todos los sufrimientos que, como piezas de un rompecabezas, conformaron el mosaico de la Pasión de Jesús. Materialmente nos recuerdan otros signos o elementos igualmente dolorosos: el abandono de los Apóstoles y discípulos, las burlas, los salivazos, la desnudez, los empujones, el aparente silencio de Dios.

•    Conmemoración de la Pasión de Cristo
Su objeto es la remembranza devota y el honor de los sufrimientos de Cristo para la redención de la humanidad. Mientras la fiesta en honor de los instrumentos de la Pasión de Cristo –la Santa Cruz, la lanza, clavos, y la corona de espinas–, llamados “Arma Cristiana”, se originó durante la Edad Media, esta conmemoración tiene un origen más reciente.

Pasión
Del latín patior, passus, que significa experimentar, soportar, padecer, se forma el sustantivo passio (acus. pl. Passiones). Es sintomático que nos hayamos decantado con preferencia por los aspectos positivos de la palabra “pasión”.

Gólgota
Calvario. Colina de Jerusalén en Palestina, donde fue crucificado Jesús.

Vía Crucis
El camino de la cruz. Ejercicio piadoso que consiste en meditar el camino de la cruz por medio de lecturas bíblicas y oraciones. Esta meditación se divide en 14 ó 15 momentos o estaciones. Tiene un carácter penitencial y suele rezarse los días viernes, sobre todo en Cuaresma. En muchos templos están expuestos cuadros o bajorrelieves con ilustraciones que ayudan a los fieles a realizar este ejercicio.

Los símbolos de la luz

•    La luz y el fuego
Desde siempre, la luz existe en estrecha relación con la oscuridad: en la historia personal o social, una época sombría va seguida de una época luminosa; en la naturaleza, es de las oscuridades de la tierra de donde brota a la luz la nueva planta, así como a la noche le sucede el día.

Durante la primera parte de la Vigilia Pascual, llamada “lucernario”, la fuente de luz es el fuego. Éste, además de iluminar, quema, y al quemar, purifica. Como el sol por sus rayos, el fuego simboliza la acción fecundante, purificadora e iluminadora. Por eso, en la liturgia, los simbolismos de la luz–llama e iluminar–arder– se encuentran casi siempre juntos.

•    El cirio pascual
Entre todos los simbolismos derivados de la luz y del fuego, el cirio pascual es la expresión más fuerte, porque los reúne a ambos.

El cirio pascual representa a Cristo resucitado, vencedor de las tinieblas y de la muerte, sol que no tiene ocaso. Se enciende con fuego nuevo, producido en completa oscuridad, porque en Pascua todo se renueva: de él se encienden todas las demás luces.
Los símbolos del Bautismo

•    El agua bautismal
Si bien el rito del Bautismo está repleto de símbolos, el agua es el elemento central, el símbolo por excelencia. En casi todas las religiones y culturas, el agua posee un doble significado: es fuente de vida y medio de purificación. En las Sagradas Escrituras, encontramos las aguas de la Creación sobre las que se cernía el Espíritu de Dios (Gn 1, 2). El agua es vida en el riego, en la savia, en el líquido amniótico que nos envuelve antes de nacer. Jesús emplea también este simbolismo en su conversación con la samaritana (Jn 4, 1-14), a quien se le revela como “agua viva” que puede saciar su sed de Dios.
Por este motivo, el agua se convirtió en el elemento natural del primer sacramento de la iniciación cristiana. Desde los primeros siglos del cristianismo, los cristianos adultos eran bautizados en una especie de pileta llena de agua que contaba con dos escaleras: por una se descendía y por otra, se salía. La imagen de “bajar” a las aguas representaba el momento de la purificación de los pecados y estaba asociada a la muerte de Cristo. La salida, subiendo por el lado opuesto, representaba el renacer a la nueva vida, como saliendo del vientre materno, y era asociado a la Resurrección. En el centro se hacía la profesión de fe pública. Y esto significa que el agua del Bautismo no es algo “mágico” –como piensan muchos creyentes¬– que protege o transforma por sí sola, sino la expresión de este doble compromiso: el de cambiar de vida muriendo al pecado, y el de renovar la escala de valores, iluminados por Cristo, resucitados con Él.

•    La vestidura blanca
El color blanco siempre fue identificado con la pureza, con lo inocente. Parece lógico que, desde los primeros siglos del cristianismo, los catecúmenos acudieran al Bautismo vestidos con túnicas blancas. Podríamos considerarlo, inclusive, como inspirado en la imagen reiterada del Apocalipsis, en la que los seguidores fieles del Cordero han merecido vestirse de blanco (Cfr. 3, 4-5.18; 4, 4; 7, 9.13-14; 19, 14; 22, 14).

Los cristianos, entonces, al ir vestidos de blanco a recibir el Bautismo, intentaron mostrar que la verdadera dignidad del hombre no consiste en trabajar para ningún poder político, sino en servir a Jesucristo, el verdadero Hijo de Dios. Por lo tanto, más que símbolo de pureza, era símbolo de dignidad, de vida nueva, de compromiso con un estilo de vida y con el esfuerzo cotidiano por conservarla sin mancha, para ser considerados dignos de participar en el banquete del Reino (Cfr. Mt 22, 12).

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