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Calidad de vida en México

Editorial

¿Es México un país en el que sus habitantes gozan de una buena calidad de vida? ¿Qué factores deben influir o conjugarse para que se dé una buena calidad de vida? Por principio de cuentas, habría que anotar que el concepto “calidad de vida” tiene que ver, por lo regular, con el mundo de la salud. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha extendido a otros ámbitos; por ejemplo, a la política, al contexto biomédico, al campo ecológico, entre otros.

Por “calidad de vida”, según Renzo Paccini, se entiende “el conjunto de bienes económicos necesarios para vivir, y que colectivamente en un país se mide por diferentes parámetros que consideran la producción, el medio ambiente, las condiciones de trabajo, el empleo del tiempo libre, el acceso a la cultura, entre otros; a los que se agregarían la influencia de la familia y la sociedad en la persona. Consecuentemente, el resultado de la calidad de vida es el bienestar”.

Atendiendo a esta acepción propuesta por Paccini, médico italiano con especialidad en Bioética, el bienestar tendría que ser la consecución de todos los factores que involucran el concepto “calidad de vida”. De entrada, el panorama se antoja difícil para afirmar que nuestro país tiene una buena calidad de vida en general; en realidad, sólo algunos cuantos pueden presumir tal cosa. La justa distribución de la riqueza, de los bienes; la práctica de la justicia y el destierro de la impunidad son, a lo sumo, tan sólo anhelos guardados para otros tiempos, cantaletas en boca de políticos en tiempos de campañas electorales.

La producción de bienes en México no es un asunto que merezca mucho discutirse; ya se sabe que aquí hay mercado para todo. La cuestión es que no todos tienen acceso a ese universo de bienes, que, incluso, la mayoría de la población carece de lo básico para vivir: sobrevive, a duras penas, con el equivalente a dos dólares por día (26 pesos más o menos). Suma que, sin duda, no alcanza para gran cosa, ni para medio alimentarse siquiera. Muchos menos para medio vivir.

Las condiciones de trabajo, por su parte, no son del todo alentadoras tampoco. El empleo está escaso, y el poco que hay es mal renumerado, cuando no condicionado por prebendas y favores que se trazan “en lo oscurito”. En la última encuesta levantada por Mitofsky entre los mexicanos, la preocupación del desempleo ha desbancado del primer lugar a la de inseguridad pública: cómo puede verse, la falta de insumos comestibles y de lo básico, o más aún, de los medios para conseguirlos, es una preocupación cada vez más penetrante y angustiante.

En este apartado se inscribe la inseguridad que asola al país, que ha llegado a tal grado su recrudecimiento que nadie puede salir de casa rumbo a sus actividades cotidianas sin sentirse inquieto, amenazado, amordazado por fuerzas que, para colmo, no son visibles en el escenario más cercano. Se trata de un enemigo invisible.

En el empleo del tiempo libre y el acceso a la cultura hay vacíos que se necesitarían muchos años para llenarse, además de inversiones cuantiosas tanto en lo público como en el sector privado. El asunto del tiempo libre tiene que ver con el fomento de actividades que edifiquen a la persona, ya sea deportivas, en familia o en el cultivo de aptitudes para la vida profesional, e incluso artística. En este país de tiempos recortados, en el que todos tienen prisa, eso suena, a primera instancia, casi imposible. Y el acceso a la cultura no es más alentador; para muestra un botón: el inexistente hábito de la lectura en una abrumadora mayoría de la población y la inclinación por productos culturales de escasa calidad: cine en gran parte que aborda asuntos banales, intrascendentes, que enaltece una vida de dispendio y excesos y música que exalta la violencia y el mal gusto, además de la vulgarización que hace del lenguaje.

La calidad de vida de la que habla Paccini no se mira continuamente por estas latitudes; salvo unos cuantos, cuyos recursos les pueden proveer de la mayoría de estos insumos, casi podría decirse que más de tres cuartas partes de la población mexicana (estamos hablando de 80 millones de personas aproximadamente) puede ubicarse por debajo del escalafón de una buena calidad de vida. La tarea que queda por delante en estos renglones es mucha, ardua, y requiere de una restructuración total en muchos frentes.

4 comments to Calidad de vida en México

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