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El papel del joven en tiempos violentos

De Joven a joven
Joel Haro Mora / Héctor Manuel Ruiz

Recientemente nuestro país se ha visto envuelto en una ola de violencia como nunca antes se había vivido. La cantidad de vidas que se han perdido por enfrentamientos armados es enorme; la lucha que el gobierno inició contra el crimen organizado ha derivado en miles de lamentables muertes. La mayoría de personas que han fallecido en dichos enfrentamientos eran criminales que formaban parte de grupos delictivos, pero lo más triste es que muchos de ellos eran jóvenes que no pasaban de los 20 años, y en numerosos casos, aun no eran mayores de edad.

Esta realidad parecía lejana para nuestras ciudades hasta hace un año; sin embargo, en meses recientes la violencia se ha hecho presente y ha llegado en forma extrema, despertando en la sociedad miedo incluso para salir a la calle, miedo a llevar su vida como cotidianamente lo hacía.

Lamentablemente en nuestra sociedad se ha fomentado la “narco-cultura” de manera impresionante, entre otras cosas, mediante la ropa de “buchón” y los narco-corridos, en los que se cuentan historias de personajes con dinero, poder y todo tipo de placeres; estos personajes, para nuestra desgracia, se han convertido en ídolos del pueblo y modelos a seguir.

Los adolescentes y jóvenes, un grupo vulnerable
Un grupo muy vulnerable cuando se trata de imitar o idolatrar a estos personajes somos los jóvenes, y en mayor medida los adolescentes; basta con echar un vistazo en nuestra sociedad para darnos cuenta de que todo lo que está de moda habla sobre materialismo; desde la música en sus muy diversos géneros, la televisión y su variedad de programación, todos los medios de comunicación y en algunas ocasiones hasta nuestros conocidos nos bombardean con la idea de que para ser importante hay que tener dinero.
Tener dinero o ser rico no tiene nada de malo, siempre y cuando esa riqueza se obtenga de manera lícita; desafortunadamente son muchos los jóvenes que encuentran en el crimen organizado una manera rápida y fácil de obtener dinero, poder y admiración, se llenan de falsas amistades que los hacen sentir importantes.
Es en la adolescencia donde el ser humano pasa por la etapa más compleja de su vida, emocionalmente hablando, es aquí cuando el adolescente no sabe si es niño o adulto, y siente que no es importante para nadie y, peor aún, que no sirve para nada. Es por eso también que se vuelve una persona vulnerable a todo aquello que le signifique un estatus social o que lo impulse a alcanzar cierta importancia, sin considerar los riesgos que para ello tenga que sortear.

“Yo lo conocía”
Así como se dice que todos tenemos cuando menos un conocido viviendo en Estados Unidos, de igual manera se podría decir que todos conocemos, aunque sea de lejos, a alguien que esta inmiscuido en negocios ilícitos, o para ser más claros, que está inmiscuido en el narco; en la mayoría de los casos no se denuncia porque es amigo, familiar o simplemente por evitarse problemas. Y no se puede hacer mucho por sacarlo de tan peligroso negocio porque ya se ha acostumbrado al dinero fácil; tristemente las únicas salidas que ofrece esta actividad son sólo dos: la cárcel y la muerte.

Un poco de amor
Tal vez por las personas que ya se encuentran inmersas en esto no se pueda hacer mucho, pero sí por aquellos que aun no han caído en las garras de este sucio negocio. Como jóvenes católicos tenemos herramientas para cambiar la vida de nuestros conocidos, para hacer algo grande en sus vidas, mediante la enseñanza más grande que Jesús nos dejó: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15, 9-17); y la solución es ésa, amar al prójimo, preocuparnos por él. En este caso en particular, puedes acercarte más a tus amigos o familiares, platicar con ellos, preguntarles cómo se sienten, darles un abrazo; muchas veces lo único que un joven necesita es sentirse apreciado.
Es importante que asumamos un compromiso con nuestra sociedad, con nuestra familia, y un compromiso real con Cristo, de manera que, a ejemplo de San Francisco de Asís, podamos decir: “Señor, hazme un instrumento de tu paz”.

“Mi paz os dejo, mi paz os doy”
Palabras de Jesús antes de marcharse, y en las que podemos encontrar que la paz duradera depende del amor. Somos muchos los que anhelamos vivir en paz, pues entonces trabajemos con amor para que la paz llegue por completo a nuestras vidas y como cristianos llevemos a la práctica este don de compromiso de amar a todos, y así construir la civilización del amor. Que la paz de Cristo nos permita acercarnos y ser, todos los creyentes, instrumentos de paz en el mundo.

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Comentarios a los autores: (jher_dj@hotmail.com)

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