Vida Consagrada
Hna. Lourdes García Escatel
Es el seguimiento evangélico de Cristo. Es seguir a Cristo de manera radical según el Evangelio, en pobreza, castidad y obediencia; en comunidad de vida fraterna y apostólica. Todo cristiano, por el hecho de serlo, está llamado a vivir imitando a Cristo; pero el religioso lo vive con radicalidad, no de manera afectiva solamente, como se pide a todo seguidor de Cristo, sino de manera efectiva.
Implicaciones del seguimiento
La vida religiosa es y se define como: seguir a Cristo, y seguirlo en estos aspectos.
Vocación
Siendo, ante todo, llamados por Él, recordando que la iniciativa es suya, que no hay mérito propio, por lo que todo supone gratitud infinita, absoluta, que depende directamente de su voluntad. Así lo afirma la Sagrada Escritura: “Subió al monte y llamó a los que Él quiso para que estuvieran con Él” (Mc 3, 13). “No me habéis elegido vosotros a mí, sino soy yo quien os ha elegido a vosotros” (Jn 15, 16).
El llamado de Dios es para todos los hombres, y es un llamado a la salvación, a la santidad. Este es el llamado universal, pero el llamado a la vida religiosa es un llamado personal.
Comunión
Seguir a Cristo es vivir con Él, viviendo al mismo tiempo con otros seguidores suyos: es convivir. Lo más nuclear de seguir a Cristo es la vida comunitaria. Seguir a Cristo es vivir con Cristo, esto es ya vida comunitaria, “para que estuvieran con Él” (Mc 3, 14).
Comunidad es común unidad de cada uno y de todos con Cristo y en Cristo. Cristo es bien común de todos y de cada uno. Cristo nuca separa, siempre une. El llamado a seguirlo como lo muestra Mateo (9, 9), es un llamado a seguirlo a Él personalmente, no a los otros discípulos. Mas al responderle entramos a vivir con aquellos que también han sido llamados y que se convierten en nuestros hermanos. Y así se define que: vivir en amistad con Cristo es vivir en amistad con ellos.
Misión
Seguirlo es compartir su misión. “Y los llamó para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar” (Mc 3, 14). Compartir con Cristo su vida es compartir su misión, que consiste adelantar, aquí y ahora, el modo de vivir propio del Reino de los Cielos, anunciarlo y traerlo. Es decir, proclamar el amor de Dios a los hombres. El religioso evangeliza no sólo con su hacer, seguir a Cristo es vivir como Él: pobre, virgen y obediente.
Votos
Cristo vivió pobre, virgen y obediente; de igual manera debemos de adoptar sus actitudes interiores: dejarse invadir por su espíritu, asimilar su manera de pensar, su escala de valores, identificarse con sus mismos sentimientos. Cristo es el consagrado que vive esta consagración.
La virginidad: en amor total e inmediato, divino y humano al Padre y a los hombres, renunciando a toda mediación, a todo egoísmo.
La obediencia: en actitud de total y gozosa docilidad a la voluntad del Padre, manifestando, a través de múltiples mediaciones humanas, que son nuestros superiores.
La pobreza: vivir en disponibilidad total de lo que se es y de lo que se tiene para los demás. Viviendo decididamente para los otros, dándolo todo y dándose todo sin reservas para nosotros. Así como Cristo se da totalmente a Dios Padre y a los hombres, el religioso debe vivir a su imitación.
Comprometer la vida
La llamada de Dios nos hace responsables, nos hace capaces de responder y nos exige una respuesta. Una respuesta comprometida que parte de la libertad y del amor;
cuya respuesta ha de estar basada en la fidelidad a Dios.
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Comentarios a la autora: (escatel-28@hotmail.com)


