febrero 2012
D L M X J V S
« ene   mar »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
26272829  

Archivos

Categorías

Bienaventurados los que lloran, Porque serán consolados

Espiritualidad

P. Félix Quintero Peña

Bienaventurados los que lloran, Porque serán consolados

Los que lloran, los afligidos y los que sufren, vienen a ser los mismos. ¡Los que lloran! ¡Dios mío! ¡Cuánto llanto hay en el mundo!

El llanto alcanza a todos

Lágrimas que brotan de los afligidos, víctimas del abuso del poder. Lágrimas de las incontables viudas que, a través de la historia, han dejado las guerras en todas las partes del mundo, sobre todo en la tierra donde vivió Jesucristo.

Lágrimas de las víctimas del secuestro, que prolifera especialmente en América Latina y que, logrando sobrevivir, externan su calvario de sufrimiento, por la violación de sus derechos fundamentales. Lágrimas de las mujeres que, por hambre, se ven obligadas a todo género de vejaciones en la dignidad de su cuerpo y en sus derechos como personas.

Lágrimas de las víctimas de la tortura que usan los poderosos para arrancarle al ser humano, del secreto de su corazón, lo que él necesita tener ahí guardado, sufriendo el abuso del poder y quedando marcado en su vida para siempre. Lágrimas de los innumerables enfermos y ancianos que están recluidos en los hospitales o en sus casas.

Lágrimas de tantas madres que pierden a sus hijos o sufren la violencia en el hogar. Lágrimas, en una palabra, de todos los pobres de la tierra y de esos rostros a los que se refirió el Documento de Puebla (que mencioné ya en la primera bienaventuranza).

El Amor no es amado

¿A qué llanto, a qué lágrimas, está prometida la bienaventuranza del consuelo? El llanto a que se asegura el premio, tiene que ser parecido al que brota del corazón de Jesucristo. Lloró, se puso muy triste, frente a la ciudad de Jerusalén, porque no se dejó amar por Jesús, y porque no quiso amarlo a Él. El llanto de Dios brota de eso precisamente: porque el hombre no ama a Dios, porque el hombre no se deja amar por Dios. Y como el amor tiene como término también al hombre, por Dios, el hombre llora cuando experimenta que su o sus prójimos no lo aman, o porque no se dejan amar por él. Se trata, pues, del llanto que brota de un corazón, que ve que el Amor no es amado.

En esta búsqueda de amor entre los hombres, para recibirlo o para darlo, nos encontramos con el sufrimiento físico o moral, en especial de los enfermos. El sufrimiento físico involucra a cualquier parte del cuerpo; el sufrimiento moral involucra al alma. Muchas veces las dos formas se dan cita en la misma persona y la hacen sentirse desdichada, relegada, despreciada, ignorada, y corre el riesgo de desesperarse, pero también puede sumirse en una apacible calma y una dulce espera, espera que tiene como compañero el llanto de los bienaventurados, y, como visitante, el consuelo.

Cristo mismo se une a nuestro dolor

¿El consuelo de quien? Sin duda de quien lo prometió al hacer pública esta bienaventuranza, es decir, de Jesucristo, quien, “a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se anonadó a sí mismo, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz” (Flp 2, 6-8).

Y, después de haber hecho todo lo que hizo y que tan hermosamente nos narran los evangelistas, lanzó el grito de solidaridad desde la cruz, a la humanidad doliente en su cuerpo y en su alma, como diciéndole: ¡Mira cuánto te amo, mira cuánto me uno a tu dolor!

¿Qué mayor consuelo puede encontrar quien llora, que el saber que Cristo mismo se une y se identifica con su dolor?

El consuelo de los pobres es el de Dios

Jesús, antes de irse al Cielo, antes de separarse de esa humanidad que llora, dijo: “Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y les dará otro intercesor que permanecerá siempre con ustedes” (Jn 14, 15). Intercesor es lo mismo que Paráclito, que, según el Cardenal Martín significa: animador, vivificador, que alienta e impulsa.

¿Quién más consuela a los que lloran? La comunidad y sus individuos que, conscientes de esta bienaventuranza:

  1. Luchan contra la corrupción y en defensa de los derechos humanos.
  2. Se organizan para una atención esmerada y llena de cariño a los afligidos, a los que sufren, a los que lloran. Y así los vemos visitando los hospitales, llevándoles a Jesucristo en la Hostia consagrada, para que encuentren en Él fortaleza y consuelo.

El consuelo de los pobres es el consuelo de Dios y de los hombres, sus hermanos, como una respuesta al amor que sale del corazón de los destinatarios de esta bienaventuranza.

——–

Comentarios al autor:  (fequipe@gmail.com)

 

Leave a Reply

  

  

  

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>