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El ayuno que agrada a Dios

Escuela de Animación Bíblica

Teresa González Muñoz

El ayuno que agrada a Dios

El ayuno es una disciplina que tiene fundamento bíblico. El ayuno purifica el cuerpo físico y nuestra mente y espíritu, y las emociones se sienten más serenas y diferentes.

Ayuno, en tiempo de prueba

Esto ciertamente es muy importante para la salud física, ¿mas será éste el tipo de ayuno que Dios le pide a su pueblo? En las Sagradas Escrituras encontramos diferentes momentos en los que el pueblo de Dios ayuna: en situaciones de duelo (2Sam 3, 33-35), después ocurrido un desastre (2Sam 1-12), por arrepentimiento, para  lograr la intercesión a fin de evitar un castigo (Jon 3, 5-9), en caso de peligro o ante decisiones importantes (Ex 34, 28), y en tiempos de prueba (Jl 2, 12).

En el día de hoy, como ya en la antigüedad, resulta más sencillo abstenernos de comer algo que nos gusta y que nos agrada que dejar de tener cierta actitud para con los demás, o dejar de comprarnos algo para ahorrar dinero. El ayuno es necesario como forma de vida  de estar listo y saber descubrir la presencia de Dios en el más necesitado, con el que podemos compartir lo mucho o poco que tengamos.

Isaías nos habla, y nos comunica la Palabra de Dios, que nos dice: “Grita con fuerza y sin miedo. Levanta tu voz como trompeta y denuncia a mi pueblo sus maldades y sus pecados a la familia de Jacob. Según me dicen me andan buscando día a día y se esfuerzan por conocer mi camino, como una nación que practica la justicia y no descuida las órdenes de su Dios. Vienen a preguntarme cuáles son sus obligaciones y desean la amistad de Dios. Y se quejan: ¿Por qué ayunamos y tú no lo ves, nos humillamos y tú no lo tomas en cuenta?” (Is, 58, 1-3).

Ayuno es más que dejar de comerCon el ayuno

Dios nos invita a no sólo dejar de comer y llenarnos de sacrificios que ofrecemos por esto o por aquello, y que no nos conducen a un verdadero cambio de vida personal, mucho menos estamos en posibilidad de ayudar a que otros inicien un nuevo caminar; estamos viviendo un  tiempo en el que muchos nos preguntamos el por qué de tanta violencia, sobre la falta de amor, el desinterés, la apatía, el miedo al compromiso y tantas y tantas cosas que aquejan a nuestro pueblo el día de hoy. En fin, estamos viviendo un cierto individualismo y una falta de interés por el hermano. Todos tenemos responsabilidad, vamos en un mismo barco, todos somos parte de este universo en el cual fuimos creado por Dios. Él mismo nos dice el ayuno que le agrada: “Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libres a los oprimidos y romper toda clase de yugo. Compartirás tu pan con el hambriento, los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestirás al que veas desnudo y no volverás la espalda a tu hermano” (Is 58, 6-7).

Dejar de comer para compartirlo con los demás, alzar la voz para denunciar las injusticias, ayudar a otros a romper sus propias cadenas, pero también las que le son impuestas; todo esto requiere de un gran esfuerzo de parte de todos los hombres para acabar con todas las formas de esclavitud. Te has analizado tú, ¿con cuántos esclavitudes vives?, o ¿si estás compartiendo las grandezas que Dios te da en esta vida? En tu situación económica y social siempre hay algo que compartir: tu tiempo, una sonrisa, un saludo, un abrazo, por mencionar cosas que nada cuestan, pero he escuchado decir que no da el que tiene, si no el que quiere. Desde mencionar nuestro trato con los vecinos, en que cuando tenemos un problema nadie quiere dar el primer paso para disculparse; la prepotencia entre el esposo y la esposa, la indiferencia entre hermanos: “Él se lo buscó, él que lo arregle”, “cada quien que se rasque con sus uñas”. Desatar las amarras, no basta convertirse de corazón a Dios, sino que la conversión se cristaliza al cambiar estructuras e instituciones, pues éstas nos hacen participar a todos en las injusticias y los pecados de la sociedad en que vivimos.

La libertad que da el ayuno

El ayuno nos ayuda para hacernos libres, pues nos ayudará a sanar nuestras heridas y las de nuestros hermanos. Son grandes las promesas para quienes siguen el ayuno que Dios quiere de nosotros como sus hijos, como su pueblo elegido, miembros de esta Iglesia viva que este año inicia un Año Misionero en el que el compartir la Palabra de Dios sea compartirla con nuestro ejemplo de amor y desprendimiento de egoísmos, falsedades, odios, rencores que se mantienen acumulados, enquistados en nuestro interior y que no dejan que nos mostremos a nuestros hermanos como una opción de vida, porque es más fácil hablar de Dios que con Dios. Sólo en la oración, en ese contacto con nuestro Padre Dios podremos ser como huerto regado, cual manantial de agua inagotable. Por eso, no olvidemos que Jesús dio su vida por nosotros, y que es de Jesús mismo de quien brota toda esa fuente inagotable de amor.

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Comentarios a la autora: (EAB_DT@hotmail.com)

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