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Fiesta de la Asunción de María 2012

Homilía de Mons. Luis Artemio Flores Calzada

Fiesta de la Asunción de María

Un gran signo apareció en el cielo; una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap. 12,1).

Si queridos hermanos hoy celebramos el triunfo total de nuestra madre Santísima, ella por un privilegio especial, por ser la elegida de Dios, la bendita entre las mujeres, la morada de Dios, donde el Verbo se hizo Carne en su seno purísimo, fue preservada de toda mancha de pecado, es limpia e Inmaculada desde el primer instante de su ser, desde su concepción, por eso le llamamos la inmaculada concepción, al llegar el final de su existencia aquí en la tierra, fue preservada de la corrupción y fue llevada al cielo en cuerpo y alma, esto es lo que significa la Asunción de María, la total glorificación de María madre de Cristo y madre nuestra.

Ella –la Virgen María– que estuvo íntimamente unida a Jesús, ella lo llevo en su seno, lo amamantó, lo presentó a los pastores, a los magos, al templo, por intercesión de la Virgen María Jesús realizó su primer milagro en las bodas de Caná, convirtiendo el agua en vino, ella es la discípula fiel, que mejor escuchó la palabra y la puso en práctica. “He aquí la esclava del señor, hágase en mi según tu palabra” (Lc 1,38). Ella estuvo presente en el momento en que Cristo ofrecía su vida en la cruz por nuestra Salvación, “junto a la cruz estaba María” (Jn 19,25), allí Jesús nos la entregó como madre en la persona del Apóstol Juan “Hijo ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27). Ella estuvo presente en Pentecostés junto con los Apóstoles en oración, cuando vino el Espíritu Santo sobre los Apóstoles en el comienzo de la Iglesia (Hech 1,14).

Así pues esta bendita madre de Dios y madre nuestra “cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”, así nos dice el papa Pio XII,  en la Bula Munificentísimus Deus (MD) del 1° de noviembre de 1950, declarando el dogma de la Asunción de la Virgen María al cielo en cuerpo y alma. Esto significa que por un don especial la virgen María fue preservada de la corrupción del cuerpo y ella ya está glorificada en su cuerpo y en su alma.

Hoy, San pablo en la segunda lectura nos decía: “Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos. Porque si por un hombre vino la muerte, también por un hombre vendrá la resurrección de los muertos. Así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo” (1Cor 15, 20-23). La victoria de Cristo sobre la muerte no es solo suya individualmente; sino de y para la Iglesia que es su cuerpo: es para el Cristo total. La Virgen María como miembro eminentísimo de la Iglesia que estuvo íntimamente unida a Cristo en su vida y en su pasión participa ya con él de la resurrección, termino de la total liberación para todo cristiano.

Fiesta de la Asunción de María

“Ella por privilegio del todo singular, venció al pecado con su cooperación inmaculada; por eso no estuvo sujeta a la ley de permanecer en la corrupción del sepulcro ni tuvo que esperar la redención de su cuerpo hasta el fin del mundo”(MD 3)

“Los fieles guiados e instruidos por sus pastores, aprendieron también de la Sagrada Escritura que la Virgen María, durante su peregrinación terrena, llevó una vida llena de preocupaciones, angustias y dolores. Igualmente no encontraron dificultad en admitir que María hubiese muerto del mismo modo que su Unigénito: pero esto no les impidió creer y profesar abiertamente que no estuvo sujeto a la corrupción del sepulcro su sagrado cuerpo, y que no fue reducido a la putrefacción y cenizas el augusto tabernáculo del Verbo divino” (MD 7). “El objeto de la fiesta no era solamente la incorrupción del cuerpo muerto de la bienaventurada Virgen María, sino también su triunfo sobre la muerte y su celestial glorificación a semejanza de su Unigénito” (MD 9). Así nos enseña el papa Pio XII, la virgen santa, inmaculada desde su concepción, al final del curso de su vida “fue preservada de la corrupción del sepulcro; y vencida la muerte, como antes por su Hijo, fue elevada en el alma y el cuerpo a la gloria del cielo”.

“Con razón no permitiste, Señor, que conociera la corrupción del sepulcro aquella que de un modo inefable, dio vida en su seno y carne de su carne al autor de toda vida, Jesucristo, tu hijo, nuestro Señor“ (prefacio de la misa de hoy).

María en el Evangelio, en el hermoso cántico del Magníficat, da gracias a Dios por todas las maravillas que Dios ha hecho en ella “mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de de esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen” (Lc 1, 46-49).

Si queridos hermanos, hoy celebramos el triunfo total de nuestra Madre santísima, ella es llevada al cielo en cuerpo y alma y esto también a nosotros nos llena de esperanza porque donde está Cristo glorificado con María, también un día nosotros estaremos con ellos, por ello vale la pena llevar una vida recta y santa, también nuestro cuerpo al final de los tiempos será glorificado, revestido de incorruptibilidad, como el de Jesús, como el de María. Esta fiesta nos llena de Alegría y de esperanza, para seguir luchando, por el reino de Dios, que ya se inició aquí en la tierra, cuando trabajamos por una vida digna, de paz, de amor, de justicia y al final de los tiempos el Reino de Dios llegará a su plenitud, donde el será todo en todos, y ya no habrá ni llanto ni dolor, ni muerte, sino plenitud de vida y felicidad, que la Santísima Virgen nos enseñe a hacer siempre la voluntad de Dios y nos acompañe en nuestro peregrinar aquí en la tierra y nos espere en el cielo donde ella ya participa de la gloria de su Hijo Jesucristo. Amén.

+ Moons. Luis Artemio Flores Calzada
Obispo de Tepic

 

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